domingo, diciembre 04, 2005

24/3/05 II

Publicado el 24/3/05 ... antes de los 30 años

Llegó el día con su recordación de muerte…

Esperan de Juan Gelman

Hemos dejado pasar un tiempito… había mucho pasando afuera… y sigue pasando –enhorabuena.

Gracias Miranda por darle palabras a nuestro duelo silencioso.

Pasado éste, tal vez sea momento de darnos el lugar para celebrar algunas cosas, bien que con los claroscuros, frecuentes notas al pie y digresiones que inevitablemente nos acompañan, como nuestras contradicciones.

Debieron pasar mas de veinte años de democracia para que un 24 de marzo se recordara con la importancia institucional que esperábamos. Pero, contrariando el tango, 20 años es mucho (no diré demasiado, porque pasaron y no tiene remedio, y seguimos aquí, intentándolo con lo que tenemos).

Nos seguimos dando estos dudosos lujos de postergar, de dar vueltas, de “hacer como que”… y hoy, recién, estamos haciendo un duelo demasiado largamente postergado, y aún hoy, tenemos que oír los mismos argumentos miserables de “dos demonios”, de caos y orden, de vergonzosos recuentos de muertos, como si ayer nomás se hubiera derrumbado bajo su inoperancia y vergüenza la más sangrienta y venal dictadura de la historia nacional (un superlativo difícil de superar).

Un duelo necesario, pero no suficiente. Un duelo que tiene que superar la expresión de dolor para dar lugar a la comprensión imparcial de nuestro pasado, la asunción de responsabilidades individual y colectivamente, y –por fin- la dirección de las energías del país a la construcción de una Nación.

Porque todavía la República Argentina se retuerce en las cadenas culturales y económicas del coloniaje.Porque nuestros pobres, enfermos y desamparados nunca fueron tantos. Porque la miseria de hoy no se materializó durante una dictadura atroz (como hubieran querido los patrones de Martínez de Hoz), sino 10 años después, en democracia, y con un partido “nacional y popular”.Los peronistas también tenemos algunas cuentas que saldar con la historia previa a la dictadura, en particular con nuestra incapacidad para dar un cauce institucional a la legítima resistencia de los 18 años posteriores al golpe gorila del ’55, respetando y fortaleciendo la incipiente democracia y acompañando al pueblo en su epopeya de liberación.Quedarnos hoy en el dolor de la represión, sin profundizar en sus causas, sin recordar que los militares fueron sólo el brazo armado de la oligarquía, que la represión tuvo un objetivo mucho más amplio que las organizaciones armadas, que los medios de comunicación le dieron su voz y la Iglesia oficial bendijo sus armas, y los banqueros y empresarios festejaron y siguieron haciendo negocios, y por terror, ignorancia o indiferencia muchos miraron para el otro lado y se tragaron sin digerir la “historia oficial”.

Muchos de los primeros hoy hablan de la “mitad” de la memoria y de la necesidad de una “reconciliación” basada en la amnesia y en la mentira. Como observa con bastante agudeza (aunque creo que por momentos con excesiva dureza) Eduardo Aliverti ( Pagina12 del 22 de marzo 2005) las causas profundas de la dictadura persisten.

Y, habría que agregar, que los efectos del terror, de la destrucción de lazos de solidaridad social, la muerte y el exilio de una generación (que con errores y aciertos) se jugó su destino detrás de una utopía, es también una de las causas del vaciamiento de los noventa.

Nuestro duelo de hoy es doble, porque llega tarde, llega rengo y con la cancha más embarrada. Pero llegó, y es un principio.

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