De: orillero (Mensaje original)
Enviado: 28/03/2004 1:44
Llegó el día con su recordación de muerte…
Esperan,
Juan Gelman
Hemos dejado pasar un tiempito… había mucho pasando afuera… y sigue pasando –enhorabuena.
Gracias Miranda por darle palabras a nuestro duelo silencioso.
Pasado éste, tal vez sea momento de darnos el lugar para celebrar algunas cosas, bien que con los claroscuros, frecuentes notas al pie y digresiones que inevitablemente nos acompañan, como nuestras contradicciones.
Debieron pasar casi veinte años de democracia para que un 24 de marzo se recordara con la importancia institucional que esperábamos. Pero, contrariando el tango, 20 años es mucho (no diré demasiado, porque pasaron y no tiene remedio, y seguimos aquí, intentándolo con lo que tenemos). Nos seguimos dando estos dudosos lujos de postergar, de dar vueltas, de “hacer como que”… y hoy, recién, estamos haciendo un duelo demasiado largamente postergado, y aún hoy, tenemos que oír los mismos argumentos miserables de “dos demonios”, de caos y orden, de vergonzosos recuentos de muertos, como si ayer nomás se hubiera derrumbado bajo su inoperancia y vergüenza la más sangrienta y venal dictadura de la historia nacional (un superlativo difícil de superar).
Un duelo necesario, pero no suficiente. Un duelo que tiene que superar la expresión de dolor para dar lugar a la comprensión imparcial de nuestro pasado, la asunción de responsabilidades individual y colectivamente, y –por fin- la dirección de las energías del país a la construcción de una Nación. Porque todavía la República Argentina se retuerce en las cadenas culturales y económicas del coloniaje.
Porque nuestros pobres, enfermos y desamparados nunca fueron tantos. Porque la miseria de hoy no se materializó durante una dictadura atroz (como hubieran querido los patrones de Martínez de Hoz), sino 10 años después, en democracia, y con un partido “nacional y popular”.
Los peronistas también tenemos algunas cuentas que saldar con la historia previa a la dictadura, en particular con nuestra incapacidad para dar un cauce institucional a la legítima resistencia de los 18 años posteriores al golpe gorila del ’55, respetando y fortaleciendo la incipiente democracia y acompañando al pueblo en su epopeya de liberación.
Quedarnos hoy en el dolor de la represión, sin profundizar en sus causas, sin recordar que los militares fueron sólo el brazo armado de la oligarquía, que la represión tuvo un objetivo mucho más amplio que las organizaciones armadas, que los medios de comunicación le dieron su voz y la Iglesia oficial bendijo sus armas, y los banqueros y empresarios festejaron y siguieron haciendo negocios, y por terror, ignorancia o indiferencia muchos miraron para el otro lado y se tragaron sin digerir la “historia oficial”. Muchos de los primeros hoy hablan de la “mitad” de la memoria y de la necesidad de una “reconciliación” basada en la amnesia y en la mentira.
Como observa con bastante agudeza (aunque creo que por momentos con excesiva dureza) Eduardo Aliverti ( Pagina12 del 22 de marzo) las causas profundas de la dictadura persisten. Y, habría que agregar, que los efectos del terror, de la destrucción de lazos de solidaridad social, la muerte y el exilio de una generación (que con errores y aciertos) se jugó su destino detrás de una utopía, es también una de las causas del vaciamiento de los noventa. Nuestro duelo de hoy es doble, porque llega tarde, llega rengo y con la cancha más embarrada. Pero llegó, y es un principio.
lunes, diciembre 05, 2005
domingo, diciembre 04, 2005
animal político
El peor analfabeto es el analfabeto político. (Gentileza de Fernando del Corro)
"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales."
Bertolt Brecht
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Mensaje 2 de 2 en la discusión
De: j_bembe
Enviado: 29/09/2004 0:15
Por soledades
Un hombre es perseguido, una
familia entera, una organización, un pueblo. La
responsable de esta situación no es la codicia,
sino un
comerciante con sus precios, con la imposición
de las reglas del juego. Los empresarios, la policía
con la imposición de las reglas de juego. Por eso
ese hombre, ese pueblo, esa familia, esa
organización, se
siente perseguida. Es más, comienzan
a perseguirse entre ellos, a delatarse,
a difamarse, y juntos, a su vez, se lanzan a perseguir
quimeras, a olvidarse de las legítimas,
de las costosas pero realizables aspiraciones;
marginan la penosa esperanza. Entonces
toda la familia, todo el pueblo, entra
en el nivel más alto de la persecución: la
paranoia, esa
refinada búsqueda de los
perseguidores históricos y culturales.
Y ésta
es la triste historia de los pueblos
derrotados, de las familias envilecidas
de las organizaciones inútiles, de los hombres
solitarios, la
llama que se consume sin el viento, los aires
que soplan sin amor, los amores que se marchitan
sobre la memoria del amor o sus fatuas
presunciones.
Paco Urondo
"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales."
Bertolt Brecht
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De: j_bembe
Enviado: 29/09/2004 0:15
Por soledades
Un hombre es perseguido, una
familia entera, una organización, un pueblo. La
responsable de esta situación no es la codicia,
sino un
comerciante con sus precios, con la imposición
de las reglas del juego. Los empresarios, la policía
con la imposición de las reglas de juego. Por eso
ese hombre, ese pueblo, esa familia, esa
organización, se
siente perseguida. Es más, comienzan
a perseguirse entre ellos, a delatarse,
a difamarse, y juntos, a su vez, se lanzan a perseguir
quimeras, a olvidarse de las legítimas,
de las costosas pero realizables aspiraciones;
marginan la penosa esperanza. Entonces
toda la familia, todo el pueblo, entra
en el nivel más alto de la persecución: la
paranoia, esa
refinada búsqueda de los
perseguidores históricos y culturales.
Y ésta
es la triste historia de los pueblos
derrotados, de las familias envilecidas
de las organizaciones inútiles, de los hombres
solitarios, la
llama que se consume sin el viento, los aires
que soplan sin amor, los amores que se marchitan
sobre la memoria del amor o sus fatuas
presunciones.
Paco Urondo
escombros
De: hereje43 (Mensaje original)
Enviado: 12/09/2004 16:30
Han pasado los vientos de la muerte ,
se nos perdió la madre con la lámpara,
busquemos, removamos,
tal vez algo aparezca entre las ruinas.
Eso que no entendemos, lo que nunca
podremos entender, y sin embargo,
henos aquí perdidos en la noche
de la ceniza tibia todavía.
¿Quién clavará en lo alto del escombro
la bandera inocente, quien, despierto,
quedará sobre el polvo asesinado
a recibir al lobo cuando venga?
El lobo pensará que somos viejos
-tanto espanto ha llovido en nuestros ojos-,
por el olor de la madera joven
se irá en busca de carne más celeste.
Busquemos, removamos,
no aparecen la lámpara y la madre
pero acaso en el fondo esté esperando
el secreto del mundo, todavía.
Canción de los niños que remueven los escombros
Raúl González Tuñón
Enviado: 12/09/2004 16:30
Han pasado los vientos de la muerte ,
se nos perdió la madre con la lámpara,
busquemos, removamos,
tal vez algo aparezca entre las ruinas.
Eso que no entendemos, lo que nunca
podremos entender, y sin embargo,
henos aquí perdidos en la noche
de la ceniza tibia todavía.
¿Quién clavará en lo alto del escombro
la bandera inocente, quien, despierto,
quedará sobre el polvo asesinado
a recibir al lobo cuando venga?
El lobo pensará que somos viejos
-tanto espanto ha llovido en nuestros ojos-,
por el olor de la madera joven
se irá en busca de carne más celeste.
Busquemos, removamos,
no aparecen la lámpara y la madre
pero acaso en el fondo esté esperando
el secreto del mundo, todavía.
Canción de los niños que remueven los escombros
Raúl González Tuñón
Un oscuro día de justicia
De: j_bembe (Mensaje original)
Enviado: 12/09/2004 16:03
"Allí acabó la felicidad, tan buena mientras duraba, tan parecida al pan, al vino y al amor. Recuperado Gielty sacudó al saludante Malcolm con un mazazo en el hígado, y mientras Malcolm se doblaba tras una mueca de sorpresa y de dolor, el pueblo aprendió, y mientras Gielty lo arrastraba en la punta de sus puños como en los cuernos de un toro, el pueblo aprendió que estaba solo, y cuando los puñetazos que sonaban en la tarde abrieron una llaga incurable en la memoria, el pueblo aprendio que estaba solo y que debia pelear por sí mismo, y después que las figuras se perdieron en los límites del parque, el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el sielncio, la astucia y la fuerza, mientras un último golpe lanzaba al querido tío Malcolm del otro lado de la cerca donde permaneció insensible y un héroe en la mitad del camino".
Un Oscuro Día de Justicia
Rodolfo Walsh
Enviado: 12/09/2004 16:03
"Allí acabó la felicidad, tan buena mientras duraba, tan parecida al pan, al vino y al amor. Recuperado Gielty sacudó al saludante Malcolm con un mazazo en el hígado, y mientras Malcolm se doblaba tras una mueca de sorpresa y de dolor, el pueblo aprendió, y mientras Gielty lo arrastraba en la punta de sus puños como en los cuernos de un toro, el pueblo aprendió que estaba solo, y cuando los puñetazos que sonaban en la tarde abrieron una llaga incurable en la memoria, el pueblo aprendio que estaba solo y que debia pelear por sí mismo, y después que las figuras se perdieron en los límites del parque, el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el sielncio, la astucia y la fuerza, mientras un último golpe lanzaba al querido tío Malcolm del otro lado de la cerca donde permaneció insensible y un héroe en la mitad del camino".
Un Oscuro Día de Justicia
Rodolfo Walsh
Silencios
Estamos, aunque callemos brevemente.
Estamos, aunque el silencio nos haya invadido surrepticio... por tantos motivos espurios, como la falta de tiempo, a veces de ganas, otras de algo que valga la pena decir; también el no hallar las palabras para traducir aquello que pasa, inexpresable, por el alma... la tristeza a la distancia, impaciencia por las postergaciones, algún desaliento (esa flaqueza), alguna decepción... cuánto habrá que esperar... cuánto pueden esperar tantos hermanos desamparados.
Hoy veía, otra vez, Viva Zapata, con sus falencias hollywoodenses y su mirada historica que recuerda a los libros de texto sufridos en las dictaduras, relatos de hechos sin sentido. Pero, acaso todo lo justifique una sola reflexión (creo que la unica que pronuncia el personaje Zapata) "Nuestros pueblos no pueden depender de los líderes, sino de sí mismos."
Cuando nosotros comprendamos ésto, tal vez estemos más cerca de merecer lo que anhelamos.
Estamos, aunque el silencio nos haya invadido surrepticio... por tantos motivos espurios, como la falta de tiempo, a veces de ganas, otras de algo que valga la pena decir; también el no hallar las palabras para traducir aquello que pasa, inexpresable, por el alma... la tristeza a la distancia, impaciencia por las postergaciones, algún desaliento (esa flaqueza), alguna decepción... cuánto habrá que esperar... cuánto pueden esperar tantos hermanos desamparados.
Hoy veía, otra vez, Viva Zapata, con sus falencias hollywoodenses y su mirada historica que recuerda a los libros de texto sufridos en las dictaduras, relatos de hechos sin sentido. Pero, acaso todo lo justifique una sola reflexión (creo que la unica que pronuncia el personaje Zapata) "Nuestros pueblos no pueden depender de los líderes, sino de sí mismos."
Cuando nosotros comprendamos ésto, tal vez estemos más cerca de merecer lo que anhelamos.
del '55
Un amigo recordaba los hechos de Junio del '56 así:
"-El gobierno de la Revolución Libertadora había esperado que el intento militar se realizara para provocar un mayúsculo escarmiento. En un país donde no existía la pena de muerte y los fusilamientos por motivos políticos parecían cosa del pasado, donde la permanente agitación golpista no había cobrado consecuencias graves en los cabecillas militares, las reglas del juego fueron súbitamente dejadas de lado.
La misma noche de la conspiración varios militares y civiles fueron pasados por las armas; algunos luego de juicios sumarios, otros ametrallados por la espalda en los basurales de José León Suárez. La orden de fusilamiento partía de un decreto que no podía ser aplicable a los prisioneros, ya que se había dictado con posterioridad a su detención.
El general Valle fue fusilado unos días después, pese a los pedidos de perdón lanzados por distintos sectores, contra los muros de la antigua prisión de la calle Las Heras.
Lo que constituía un horroroso crimen, falto deantecedentes, no impidió que una parte de la sociedad argentina y la mayoría de los partidos políticos, siguieran rindiendo homenaje a las obras de la Revolución Libertadora."
Ernesto Salas"La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre"
Aunque la violencia viene desde nuestras mismas raíces históricas y no hay un sólo perpetrador, los hechos del '55 y el proyecto encarnado por la contrarevolución conservadora, la destrucción de los avances en materia de justicia social e integración nacional, la sistematización de la persecución y la reivindicación del exterminio del otro presagiaban ya la larga noche del '76, mientras sembraban las semillas del odio y se alimentaba la percepción de que no quedaba otro camino que la violencia política para lograr el objetivo de una Nación Justa, Libre y Soberana.-
"Usted aludió recién a las víctimas de José León Suárez -me dijo luegoMegafón-Hace tres días recorrí ese basural montonado en la llanura de Buenos Aires, y le aseguro que la pampa lloraba"
Megafón o la Guerra - Leopoldo Marechal
"...Declaro que el grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución.
Con fusilarme a mi bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta incontenible ola de asesinatos.."
General Juan José Valle - Carta a Aramburu
"-El gobierno de la Revolución Libertadora había esperado que el intento militar se realizara para provocar un mayúsculo escarmiento. En un país donde no existía la pena de muerte y los fusilamientos por motivos políticos parecían cosa del pasado, donde la permanente agitación golpista no había cobrado consecuencias graves en los cabecillas militares, las reglas del juego fueron súbitamente dejadas de lado.
La misma noche de la conspiración varios militares y civiles fueron pasados por las armas; algunos luego de juicios sumarios, otros ametrallados por la espalda en los basurales de José León Suárez. La orden de fusilamiento partía de un decreto que no podía ser aplicable a los prisioneros, ya que se había dictado con posterioridad a su detención.
El general Valle fue fusilado unos días después, pese a los pedidos de perdón lanzados por distintos sectores, contra los muros de la antigua prisión de la calle Las Heras.
Lo que constituía un horroroso crimen, falto deantecedentes, no impidió que una parte de la sociedad argentina y la mayoría de los partidos políticos, siguieran rindiendo homenaje a las obras de la Revolución Libertadora."
Ernesto Salas"La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre"
Aunque la violencia viene desde nuestras mismas raíces históricas y no hay un sólo perpetrador, los hechos del '55 y el proyecto encarnado por la contrarevolución conservadora, la destrucción de los avances en materia de justicia social e integración nacional, la sistematización de la persecución y la reivindicación del exterminio del otro presagiaban ya la larga noche del '76, mientras sembraban las semillas del odio y se alimentaba la percepción de que no quedaba otro camino que la violencia política para lograr el objetivo de una Nación Justa, Libre y Soberana.-
"Usted aludió recién a las víctimas de José León Suárez -me dijo luegoMegafón-Hace tres días recorrí ese basural montonado en la llanura de Buenos Aires, y le aseguro que la pampa lloraba"
Megafón o la Guerra - Leopoldo Marechal
"...Declaro que el grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución.
Con fusilarme a mi bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta incontenible ola de asesinatos.."
General Juan José Valle - Carta a Aramburu
Raúl Scalabrini Ortiz
De: j_bembe (Mensaje original)
Enviado: 30/05/2004 23:48
GRACIAS HERMANO!
(y Gracias tambien al Centro Cultural Enrique Santos Discépolo - www.discepolo.org.ar)
Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes cuando el siglo XIX tocaba a su fin (14 de febrero de 1898).
Su adolescencia y juventud transcurren bajo la presión del liberalismo conservador predominante.Varios factores se conjugan, sin embargo, para que Raúl Scalabrini rompa la trama del pensamiento colonial. Por un lado, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de ideología marxista, le permite descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por otro su permanente deambular por el país (por razones de trabajo viaja a La Pampa, Entre Ríos y Catamarca) lo salvan de encerrarse en una visión porteña y le enseñan cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas. A esto se suma un viaje a París, a los veintiséis años, del cual regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre" encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de "pueblo elegido".
Además, Scalabrini busca auténticamente "su verdad" y no se contenta con la gloria efímera que satisface a sus colegas de la pluma. En este aspecto, su maestro Macedonio Fernández lo orienta hacia una vida profunda, de altruismo y generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo.
"Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe".
En esa búsqueda se halla Scalabrini cuando, en octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo hace agua por todos lados y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis, amenguan sus efectos, descargándola sobre los países productores de materia prima. En la Argentina se desmorona "el granero del mundo": caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame.
Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia argentina juguetea con metáforas exquisitas, Raúl Scalabrini Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. Hasta poco tiempo atrás, también él se había enredado en la metafísica con "El hombre que está solo y espera", pero ahora - 1932 - Scalabrini hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?. De allí pasa a inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.) estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.
Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los Libres, Scalabrini es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan en la Argentina, se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido a las rivalidades interimperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se repite una y otra vez Scalabrini, ya absolutamente convencido de que sus cifras son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país semicolonial: la cuestión nacional.
Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio se lanza decididamente a la lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) condena uno a uno todos los decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos periodísticos, no cesa un instante, desde entonces, en denunciar la expoliación imperialista.A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega.
Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.Por esos años, Scalabrini Ortiz se sumerge en la historia nefasta de esos ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de revaluaciones contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear alas industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: lo oligarcas.
Allí reside, sostiene Scalabrini, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industria, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre",reclaman Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA.
Pero el boicot del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las catacumbas van forjando la conciencia nacional. Scalabrini publica en esos años la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de la Plata".Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila para que la Argentina envíe tropas al frente,
Scalabrini Ortiz vuelve a hacer punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No osdejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda Independencia.
Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después el Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado para su formación política es "La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini Ortiz.
Poco después lo conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino:
".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación".
Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos representantes de una Argentina que moría irremediablemente. Scalabrini acompaña el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste presidente. Presenta entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano, opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no se considera un "hombre de construcción".
Participa así del proceso de la Revolución Nacional y ve caer uno a uno los eslabones de la cadena con que el imperialismo nos sojuzgaba y que él había denunciado sin descanso: los ferrocarriles, los teléfonos, los bancos, la exportación y la importación, el transporte marítimo y el aéreo, los seguros, el gas, etc. Y ve también crecer a ritmo intenso a la industria liviana, asfixiada tantos años por la mercadería importada. Así transcurre esos años estudiando, elaborando ideas.
Una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana deja atrás, como un triste recuerdo, a aquella colonia de los años treinta. Las consignas lanzadas por FORJA, a veces casi con las mismas palabras, son coreados ahora por la multitud.Pero si bien Perón reconoce en variadas oportunidades, el aporte ideológico de Scalabrini, su gobierno no le brinda el acceso a "los medios" para que difunda su "pedagogía nacional". La burocracia peronista, por su parte, choca con este místico de la política, contumaz crítico de toda desviación o inconducta.
Por ello se retrae dela vida pública y se dedica a plantar álamos en las costas del Paraná.De esa época afirma: "Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación…..En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias". Y agrega: "No debemos olvidar en ningún momento- cualesquiera sean las diferencias de apreciación-que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el Gral. Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el Gral. Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país". Por eso, cuando le proponen participar en un golpe contra el gobierno, rechaza la invitación. Por eso, también, es uno de los primeros en alistarse en la "Resistencia", en setiembre de 1955, a la caída de Perón.
El golpe militar del 16 de setiembre propicia el retorno oligárquico. Ahora han vuelto los hombres de paja del imperialismo, los mismos del los años treinta.Otra vez los amigos de los ingleses, otra vez los personeros dela oligarquía, otra vez los pactos claudicantes, de nuevo los bancos privados, los tratados vergonzosos, las devaluaciones para engordar las arcas de los ganaderos. Y de nuevo entonces, piensa Scalabrini, hay que plantear como única y absoluta prioridad: la Revolución Nacional. Todo parece volver hacia el pasado y las ideas de Scalabrini se afirman en su vieja lucha. Desde "El Líder", "De Frente" y "El Federalista" se constituye en crítico implacable. Cerrados estos periódicos, escribirá desde mediados de 1956 en la revista "Qué".
La Revolución Nacional, por sobre todo, piensa Scalabrini y así redobla sus esfuerzos para romper el continuismo. Esa posición lo lleva a colaborar con Frondizi y Frigerio entendiendo que debe usar a "Qué" como vocero de sus ideas, más allá de sus diferencias que pueda tener con los teóricos de la burguesía nacional.Todo el año 1957 Scalabrini ataca semana a semana las medidas retrógradas y pro imperialistas del gobierno. Puede decirse que a través suyo se expresa la Argentina auténtica que se niega a volver al pasado. El 23 de febrero de 1958 el Frente Nacional, que lleva a Frondizi para presidente, aplasta a la reacción en las urnas, pero la entrega del poder es condicionada. Por eso Scalabrini entiende que debe seguir apoyando, aún disintiendo en muchos aspectos, al gobierno frondizista. Por eso también acepta la dirección de la revista "Qué",convertida ahora en revista oficialista.
Durante poco tiempo, sin embargo, permanece en su dirección (menos de tres meses). La publicación de los contratos petroleros en los últimos días de julio de 1958,lo decide a renunciar. Escribe entonces un artículo titulado "Aplicar al petróleo la experiencia ferroviaria" y deja constancia de su disentimiento con los contratos, en especial con lo pactado con la Banca Loeb.
No desea, sin embargo, romper frontalmente con el gobierno cuando éste se encuentra jaqueado por los gorilas y prefiere irse calladamente. Por otra parte, ya está preso de un cáncer que lo llevará a la muerte pocos meses después.
Desde esa separación, Scalabrini Ortiz ya no actúa públicamente pero sus amigos y sus familiares saben que una tristeza lo domina por la traición del frondizismo. El 31 de diciembre de 1958, Frondizi anuncia la adhesión de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en enero de 1959 se abraza con los banqueros de Wall Street; mientras los tanques derrumban las verjas del Frigorífico Municipal (en la ciudad de Buenos Aires) para sofocar a los obreros en huelga. Pero Scalabrini, ya nada puede decir: está vencido por la enfermedad y después de un período de postración, fallece el 30 de mayo de 1959.
En el cementerio, Jauretche recuerda que Scalabrini fue el maestro, el que les permitió pasar del antiimperialismo abstracto al antiimperialismo concreto, descubriendo la verdadera realidad argentina, como paso previo al intento de transformarla. Por eso concluye su despedida con estas palabras:
"Raúl Scalabrini Ortiz …..Tú sabes que somos vencedores… vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado delo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!"
Enviado: 30/05/2004 23:48
GRACIAS HERMANO!
(y Gracias tambien al Centro Cultural Enrique Santos Discépolo - www.discepolo.org.ar)
Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes cuando el siglo XIX tocaba a su fin (14 de febrero de 1898).
Su adolescencia y juventud transcurren bajo la presión del liberalismo conservador predominante.Varios factores se conjugan, sin embargo, para que Raúl Scalabrini rompa la trama del pensamiento colonial. Por un lado, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de ideología marxista, le permite descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por otro su permanente deambular por el país (por razones de trabajo viaja a La Pampa, Entre Ríos y Catamarca) lo salvan de encerrarse en una visión porteña y le enseñan cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas. A esto se suma un viaje a París, a los veintiséis años, del cual regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre" encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de "pueblo elegido".
Además, Scalabrini busca auténticamente "su verdad" y no se contenta con la gloria efímera que satisface a sus colegas de la pluma. En este aspecto, su maestro Macedonio Fernández lo orienta hacia una vida profunda, de altruismo y generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo.
"Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe".
En esa búsqueda se halla Scalabrini cuando, en octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo hace agua por todos lados y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis, amenguan sus efectos, descargándola sobre los países productores de materia prima. En la Argentina se desmorona "el granero del mundo": caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame.
Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia argentina juguetea con metáforas exquisitas, Raúl Scalabrini Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. Hasta poco tiempo atrás, también él se había enredado en la metafísica con "El hombre que está solo y espera", pero ahora - 1932 - Scalabrini hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?. De allí pasa a inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.) estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.
Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los Libres, Scalabrini es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan en la Argentina, se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido a las rivalidades interimperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se repite una y otra vez Scalabrini, ya absolutamente convencido de que sus cifras son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país semicolonial: la cuestión nacional.
Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio se lanza decididamente a la lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) condena uno a uno todos los decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos periodísticos, no cesa un instante, desde entonces, en denunciar la expoliación imperialista.A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega.
Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.Por esos años, Scalabrini Ortiz se sumerge en la historia nefasta de esos ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de revaluaciones contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear alas industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: lo oligarcas.
Allí reside, sostiene Scalabrini, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industria, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre",reclaman Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA.
Pero el boicot del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las catacumbas van forjando la conciencia nacional. Scalabrini publica en esos años la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de la Plata".Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila para que la Argentina envíe tropas al frente,
Scalabrini Ortiz vuelve a hacer punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No osdejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda Independencia.
Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después el Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado para su formación política es "La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini Ortiz.
Poco después lo conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino:
".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación".
Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos representantes de una Argentina que moría irremediablemente. Scalabrini acompaña el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste presidente. Presenta entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano, opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no se considera un "hombre de construcción".
Participa así del proceso de la Revolución Nacional y ve caer uno a uno los eslabones de la cadena con que el imperialismo nos sojuzgaba y que él había denunciado sin descanso: los ferrocarriles, los teléfonos, los bancos, la exportación y la importación, el transporte marítimo y el aéreo, los seguros, el gas, etc. Y ve también crecer a ritmo intenso a la industria liviana, asfixiada tantos años por la mercadería importada. Así transcurre esos años estudiando, elaborando ideas.
Una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana deja atrás, como un triste recuerdo, a aquella colonia de los años treinta. Las consignas lanzadas por FORJA, a veces casi con las mismas palabras, son coreados ahora por la multitud.Pero si bien Perón reconoce en variadas oportunidades, el aporte ideológico de Scalabrini, su gobierno no le brinda el acceso a "los medios" para que difunda su "pedagogía nacional". La burocracia peronista, por su parte, choca con este místico de la política, contumaz crítico de toda desviación o inconducta.
Por ello se retrae dela vida pública y se dedica a plantar álamos en las costas del Paraná.De esa época afirma: "Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación…..En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias". Y agrega: "No debemos olvidar en ningún momento- cualesquiera sean las diferencias de apreciación-que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el Gral. Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el Gral. Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país". Por eso, cuando le proponen participar en un golpe contra el gobierno, rechaza la invitación. Por eso, también, es uno de los primeros en alistarse en la "Resistencia", en setiembre de 1955, a la caída de Perón.
El golpe militar del 16 de setiembre propicia el retorno oligárquico. Ahora han vuelto los hombres de paja del imperialismo, los mismos del los años treinta.Otra vez los amigos de los ingleses, otra vez los personeros dela oligarquía, otra vez los pactos claudicantes, de nuevo los bancos privados, los tratados vergonzosos, las devaluaciones para engordar las arcas de los ganaderos. Y de nuevo entonces, piensa Scalabrini, hay que plantear como única y absoluta prioridad: la Revolución Nacional. Todo parece volver hacia el pasado y las ideas de Scalabrini se afirman en su vieja lucha. Desde "El Líder", "De Frente" y "El Federalista" se constituye en crítico implacable. Cerrados estos periódicos, escribirá desde mediados de 1956 en la revista "Qué".
La Revolución Nacional, por sobre todo, piensa Scalabrini y así redobla sus esfuerzos para romper el continuismo. Esa posición lo lleva a colaborar con Frondizi y Frigerio entendiendo que debe usar a "Qué" como vocero de sus ideas, más allá de sus diferencias que pueda tener con los teóricos de la burguesía nacional.Todo el año 1957 Scalabrini ataca semana a semana las medidas retrógradas y pro imperialistas del gobierno. Puede decirse que a través suyo se expresa la Argentina auténtica que se niega a volver al pasado. El 23 de febrero de 1958 el Frente Nacional, que lleva a Frondizi para presidente, aplasta a la reacción en las urnas, pero la entrega del poder es condicionada. Por eso Scalabrini entiende que debe seguir apoyando, aún disintiendo en muchos aspectos, al gobierno frondizista. Por eso también acepta la dirección de la revista "Qué",convertida ahora en revista oficialista.
Durante poco tiempo, sin embargo, permanece en su dirección (menos de tres meses). La publicación de los contratos petroleros en los últimos días de julio de 1958,lo decide a renunciar. Escribe entonces un artículo titulado "Aplicar al petróleo la experiencia ferroviaria" y deja constancia de su disentimiento con los contratos, en especial con lo pactado con la Banca Loeb.
No desea, sin embargo, romper frontalmente con el gobierno cuando éste se encuentra jaqueado por los gorilas y prefiere irse calladamente. Por otra parte, ya está preso de un cáncer que lo llevará a la muerte pocos meses después.
Desde esa separación, Scalabrini Ortiz ya no actúa públicamente pero sus amigos y sus familiares saben que una tristeza lo domina por la traición del frondizismo. El 31 de diciembre de 1958, Frondizi anuncia la adhesión de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en enero de 1959 se abraza con los banqueros de Wall Street; mientras los tanques derrumban las verjas del Frigorífico Municipal (en la ciudad de Buenos Aires) para sofocar a los obreros en huelga. Pero Scalabrini, ya nada puede decir: está vencido por la enfermedad y después de un período de postración, fallece el 30 de mayo de 1959.
En el cementerio, Jauretche recuerda que Scalabrini fue el maestro, el que les permitió pasar del antiimperialismo abstracto al antiimperialismo concreto, descubriendo la verdadera realidad argentina, como paso previo al intento de transformarla. Por eso concluye su despedida con estas palabras:
"Raúl Scalabrini Ortiz …..Tú sabes que somos vencedores… vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado delo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!"
de hombres y eslabones
De: orillero (Mensaje original)
Enviado: 27/05/2004 1:05
Unimos aquí diversos elementos siempre presentes en estas páginas. Una reflexión (originalmente para un 9 de Julio) más que oportuno para este 25 de Mayo de esperanzas inciertas y compromisos demasiado tibios. El mismo cumple la función adicional de recordar con afecto y admiración al Maestro Jauretche en el 30º Aniversario de una muerte prematura (aunque, al fin, piadosa, a la luz de los años que vendrían). Qué enorme hueco ha dejado.
En este artículo de Don Arturo, de yapa, el porqué de nuestro nombre.
Salúd!
SEAN ETERNOS LOS LAURELES
De "Mano a mano entre nosotros"
Hay una estrofa del himno nacional que suele inducir a error a nuestros paisanos. ("Sean eternos los laureles, que supimos conseguir"). El que supimos conseguir es un poco como el "vamos arando" del mosquito en la cabeza del buey.
Parece al mismo tiempo que fuera una invitación a dormirse sobre laureles en cuya adquisición hubiésemos participado los argentinos actuales. Y si no nos incita a dormirnos nos satisface con la idea de conservarlos, con lo que la gloria se convierte en un objeto de museo y el patriotismo en una actitud ritualista de conmemoración a fecha fija.
Creo que la mejor manera de evocar nuestros grandes fastos históricos es recordarnos que la historia es una cadena a la que cada generación debe aportar su eslabón unas veces de oro y otras veces de hierro, según lo manden las circunstancias, de tal manera que al hacernos presentes ante los fundadores de la patria podamos decir en cada oportunidad qué parte de la cadena hemos agregado.
También opera, contra ese concepto de la continuidad histórica del patriotismo activo, la excesiva divinización de los protagonistas del pasado. Ni las batallas se dan en campos de esmeralda ni los soldados visten el uniforme de gala limpito y bien planchado, tal como se los presenta en las conmemoraciones, porque la batalla se da en el barro o en el arenal, y en ese revoltijo de hombres, .bestias y armas todo está sucio por la inclemencia del tiempo y la sangre y el humo de la pólvora. Así también los héroes planchados, desprovistos de las pasiones humanas, ajenos a las intrigas y a los intereses en juego se convierten en personajes ficticios, extraños a esta humanidad a que pertenecemos sus admiradores.
Extraños al mundo de la realidad, nosotros, hijos de este mundo, principiamos por sentirlos inimitables, atribuyéndoles una naturaleza y conducta distintas de las que son posibles en nosotros, lo que nos hace incapaces para ponernos a nivel de sus hazañas.
Entre las numerosas falsificaciones de la historia, que nos han privado de sus enseñanzas verdaderas con el propósito malicioso de impedirnos el aprendizaje de la historia a construir, en la ya vivida, está esta otra mucho más pueril de afirmar la respetabilidad de los próceres y de los acontecimientos con la atribución de una naturaleza seráfica, como es la construcción de un cielo patriótico con nubes celestes y rosadas y ángeles murillescos.
Esta es la versión escolar. Con los congresales de Tucumán inmovilizados en las elegantes actitudes de los cromos, con la reproducción, también coloreada, de la sala donde se reunieron para jurar la Independencia, hace justamente ciento cincuenta años, se suscita en el niño una imagen que perdura en el hombre, de seres inimitables y perfectos, que lleva implícita lo difícil de la emulación. Como si aquellos hom-bres hubieran nacido y hubieran vivído para sólo la actitud de la estatua o del cromo.
La preocupación por la reverencia a que se hicieron acreedores hace olvidar que si ellos nos pidieran cuentas de cómo cumplimos nuestro deber de argentinos, herederos y continuadores suyos nos reclamarían en lugar de una reverencia de santuario una conducta vital paralela a la suya. Descenderían del nivel al que los hemos colocado como imágenes para proponerse como ejemplos humanos, y entonces veríamos que estaban hechos de la misma madera que nosotros, y que nuestra inhabilidad para ser como ellos está en no poner al servicio del país la voluntad que ellos pusieron y una pasión constructiva tan altas que supliera las deficiencias humanas y los medios que ellos también padecieron. Porque ellos tenían también contrastes de pensamiento, rivalidades de partidos, enconos, simpatías, odios, amistades, envidias, y generosidades de hombres, pero que los hombres pueden superar cuando una finalidad común los ilumina y los conduce.
HOMBRES Y HEROES; LA MEDIDA
Pienso en el Congreso de Tucumán, en los conflictos que lo precedieron, en los peligros inminentes que acechaban a la revolución en cuyo vientre estaban parteando la Nación, cuyo cordón umbilical iban a cortar. Lo están cortando ya, y no están de acuerdo entre ellos en cómo será la patria, cuáles sus instituciones, sus formas políticas, su contenido económico y social, la pertenencia de una parte sobre el todo o la equivalencia de las partes. Tampoco se aman entre sí como compañeros inseparables, y pronto el destino los dividirá en bandos. El país se ensangrentará por sus conflictos, pero han encontrado un punto de encuentro en ese corte que practican y que será la Declaración de la Independencia.
Son hombres que han llegado de todos los extremos de la República, a caballo, en carretas, en diligencias, por ásperos caminos, sorteando emboscadas. Concurren desde el extremo norte del Alto Perú y desde Buenos Aires; desde las riberas del Paraná o Cuyo. Están hospedados en míseros alojamientos unos y en señoriales residencias otros, y reunidos en una sala cualquiera que solo después de ellos adquirirá la jerarquía de la historia. Muchos de ellos padecen reuma, enfermedades de pecho; sienten reabrirse viejas heridas y tienen íntimos problemas monetarios, conflictos familiares y desazones individuales, lo mismo que nosotros. Pero hay un propósito común y lo cumplen. Están unidos en un programa mínimo pero que en esa hora y en ese momento vale por todos los programas. Y Io cumplen.
De esto hace ciento cincuenta años.
Creo que la medida de la grandeza de aquellos hombres y del acontecimiento se agiganta reduciendo los actores a su condición de hombres, haciendo circular la vida por el cromo y hasta exponiéndolos al deterioro de la crítica al desmenuzarse sus personalidades.
Bien están los homenajes a nuestros próceres. Y éste del sesquicentenario del Congreso de Tucumán. Se me ocurre que sería uno muy grande orientar desde hoy la enseñanza escolar de la historia sacando el acontecimiento del cromo para trasladarlo a una versión dinámica de la misma que enfrente las nuevas generaciones a la responsabilidad de completar la Independencia como programa mínimo de unión. Tal vez cuando los niños de las nuevas generaciones hayan aprendido que la pasta de los héroes no es de papel matché, sino de la sangre y de la carne de que ellos están hechos, integrada por el espíritu que aquéllos tuvieron, podamos completar para nuestro tiempo lo que aquéllos nos dieron como labor empezada y no concluida. Pues ellos concluyeron, visto para atrás, pero empezaron para adelante. Y procedieron en circunstancias mucho más adversas que las que nos tocan y con la certidumbre de que estaban fundando una gran nación, convicción que es punto de partida imprescindible para empresa de tanta magnitud.
Y que también nos faltará mientras no nos sintamos iluminados por idéntica fe a la suya y recordando que ellos se veían hombres y no próceres.
El Mundo - Sábado 9 de julio de 1966.
Enviado: 27/05/2004 1:05
Unimos aquí diversos elementos siempre presentes en estas páginas. Una reflexión (originalmente para un 9 de Julio) más que oportuno para este 25 de Mayo de esperanzas inciertas y compromisos demasiado tibios. El mismo cumple la función adicional de recordar con afecto y admiración al Maestro Jauretche en el 30º Aniversario de una muerte prematura (aunque, al fin, piadosa, a la luz de los años que vendrían). Qué enorme hueco ha dejado.
En este artículo de Don Arturo, de yapa, el porqué de nuestro nombre.
Salúd!
SEAN ETERNOS LOS LAURELES
De "Mano a mano entre nosotros"
Hay una estrofa del himno nacional que suele inducir a error a nuestros paisanos. ("Sean eternos los laureles, que supimos conseguir"). El que supimos conseguir es un poco como el "vamos arando" del mosquito en la cabeza del buey.
Parece al mismo tiempo que fuera una invitación a dormirse sobre laureles en cuya adquisición hubiésemos participado los argentinos actuales. Y si no nos incita a dormirnos nos satisface con la idea de conservarlos, con lo que la gloria se convierte en un objeto de museo y el patriotismo en una actitud ritualista de conmemoración a fecha fija.
Creo que la mejor manera de evocar nuestros grandes fastos históricos es recordarnos que la historia es una cadena a la que cada generación debe aportar su eslabón unas veces de oro y otras veces de hierro, según lo manden las circunstancias, de tal manera que al hacernos presentes ante los fundadores de la patria podamos decir en cada oportunidad qué parte de la cadena hemos agregado.
También opera, contra ese concepto de la continuidad histórica del patriotismo activo, la excesiva divinización de los protagonistas del pasado. Ni las batallas se dan en campos de esmeralda ni los soldados visten el uniforme de gala limpito y bien planchado, tal como se los presenta en las conmemoraciones, porque la batalla se da en el barro o en el arenal, y en ese revoltijo de hombres, .bestias y armas todo está sucio por la inclemencia del tiempo y la sangre y el humo de la pólvora. Así también los héroes planchados, desprovistos de las pasiones humanas, ajenos a las intrigas y a los intereses en juego se convierten en personajes ficticios, extraños a esta humanidad a que pertenecemos sus admiradores.
Extraños al mundo de la realidad, nosotros, hijos de este mundo, principiamos por sentirlos inimitables, atribuyéndoles una naturaleza y conducta distintas de las que son posibles en nosotros, lo que nos hace incapaces para ponernos a nivel de sus hazañas.
Entre las numerosas falsificaciones de la historia, que nos han privado de sus enseñanzas verdaderas con el propósito malicioso de impedirnos el aprendizaje de la historia a construir, en la ya vivida, está esta otra mucho más pueril de afirmar la respetabilidad de los próceres y de los acontecimientos con la atribución de una naturaleza seráfica, como es la construcción de un cielo patriótico con nubes celestes y rosadas y ángeles murillescos.
Esta es la versión escolar. Con los congresales de Tucumán inmovilizados en las elegantes actitudes de los cromos, con la reproducción, también coloreada, de la sala donde se reunieron para jurar la Independencia, hace justamente ciento cincuenta años, se suscita en el niño una imagen que perdura en el hombre, de seres inimitables y perfectos, que lleva implícita lo difícil de la emulación. Como si aquellos hom-bres hubieran nacido y hubieran vivído para sólo la actitud de la estatua o del cromo.
La preocupación por la reverencia a que se hicieron acreedores hace olvidar que si ellos nos pidieran cuentas de cómo cumplimos nuestro deber de argentinos, herederos y continuadores suyos nos reclamarían en lugar de una reverencia de santuario una conducta vital paralela a la suya. Descenderían del nivel al que los hemos colocado como imágenes para proponerse como ejemplos humanos, y entonces veríamos que estaban hechos de la misma madera que nosotros, y que nuestra inhabilidad para ser como ellos está en no poner al servicio del país la voluntad que ellos pusieron y una pasión constructiva tan altas que supliera las deficiencias humanas y los medios que ellos también padecieron. Porque ellos tenían también contrastes de pensamiento, rivalidades de partidos, enconos, simpatías, odios, amistades, envidias, y generosidades de hombres, pero que los hombres pueden superar cuando una finalidad común los ilumina y los conduce.
HOMBRES Y HEROES; LA MEDIDA
Pienso en el Congreso de Tucumán, en los conflictos que lo precedieron, en los peligros inminentes que acechaban a la revolución en cuyo vientre estaban parteando la Nación, cuyo cordón umbilical iban a cortar. Lo están cortando ya, y no están de acuerdo entre ellos en cómo será la patria, cuáles sus instituciones, sus formas políticas, su contenido económico y social, la pertenencia de una parte sobre el todo o la equivalencia de las partes. Tampoco se aman entre sí como compañeros inseparables, y pronto el destino los dividirá en bandos. El país se ensangrentará por sus conflictos, pero han encontrado un punto de encuentro en ese corte que practican y que será la Declaración de la Independencia.
Son hombres que han llegado de todos los extremos de la República, a caballo, en carretas, en diligencias, por ásperos caminos, sorteando emboscadas. Concurren desde el extremo norte del Alto Perú y desde Buenos Aires; desde las riberas del Paraná o Cuyo. Están hospedados en míseros alojamientos unos y en señoriales residencias otros, y reunidos en una sala cualquiera que solo después de ellos adquirirá la jerarquía de la historia. Muchos de ellos padecen reuma, enfermedades de pecho; sienten reabrirse viejas heridas y tienen íntimos problemas monetarios, conflictos familiares y desazones individuales, lo mismo que nosotros. Pero hay un propósito común y lo cumplen. Están unidos en un programa mínimo pero que en esa hora y en ese momento vale por todos los programas. Y Io cumplen.
De esto hace ciento cincuenta años.
Creo que la medida de la grandeza de aquellos hombres y del acontecimiento se agiganta reduciendo los actores a su condición de hombres, haciendo circular la vida por el cromo y hasta exponiéndolos al deterioro de la crítica al desmenuzarse sus personalidades.
Bien están los homenajes a nuestros próceres. Y éste del sesquicentenario del Congreso de Tucumán. Se me ocurre que sería uno muy grande orientar desde hoy la enseñanza escolar de la historia sacando el acontecimiento del cromo para trasladarlo a una versión dinámica de la misma que enfrente las nuevas generaciones a la responsabilidad de completar la Independencia como programa mínimo de unión. Tal vez cuando los niños de las nuevas generaciones hayan aprendido que la pasta de los héroes no es de papel matché, sino de la sangre y de la carne de que ellos están hechos, integrada por el espíritu que aquéllos tuvieron, podamos completar para nuestro tiempo lo que aquéllos nos dieron como labor empezada y no concluida. Pues ellos concluyeron, visto para atrás, pero empezaron para adelante. Y procedieron en circunstancias mucho más adversas que las que nos tocan y con la certidumbre de que estaban fundando una gran nación, convicción que es punto de partida imprescindible para empresa de tanta magnitud.
Y que también nos faltará mientras no nos sintamos iluminados por idéntica fe a la suya y recordando que ellos se veían hombres y no próceres.
El Mundo - Sábado 9 de julio de 1966.
24/3/05 II
Publicado el 24/3/05 ... antes de los 30 años
Llegó el día con su recordación de muerte…
Esperan de Juan Gelman
Hemos dejado pasar un tiempito… había mucho pasando afuera… y sigue pasando –enhorabuena.
Gracias Miranda por darle palabras a nuestro duelo silencioso.
Pasado éste, tal vez sea momento de darnos el lugar para celebrar algunas cosas, bien que con los claroscuros, frecuentes notas al pie y digresiones que inevitablemente nos acompañan, como nuestras contradicciones.
Debieron pasar mas de veinte años de democracia para que un 24 de marzo se recordara con la importancia institucional que esperábamos. Pero, contrariando el tango, 20 años es mucho (no diré demasiado, porque pasaron y no tiene remedio, y seguimos aquí, intentándolo con lo que tenemos).
Nos seguimos dando estos dudosos lujos de postergar, de dar vueltas, de “hacer como que”… y hoy, recién, estamos haciendo un duelo demasiado largamente postergado, y aún hoy, tenemos que oír los mismos argumentos miserables de “dos demonios”, de caos y orden, de vergonzosos recuentos de muertos, como si ayer nomás se hubiera derrumbado bajo su inoperancia y vergüenza la más sangrienta y venal dictadura de la historia nacional (un superlativo difícil de superar).
Un duelo necesario, pero no suficiente. Un duelo que tiene que superar la expresión de dolor para dar lugar a la comprensión imparcial de nuestro pasado, la asunción de responsabilidades individual y colectivamente, y –por fin- la dirección de las energías del país a la construcción de una Nación.
Porque todavía la República Argentina se retuerce en las cadenas culturales y económicas del coloniaje.Porque nuestros pobres, enfermos y desamparados nunca fueron tantos. Porque la miseria de hoy no se materializó durante una dictadura atroz (como hubieran querido los patrones de Martínez de Hoz), sino 10 años después, en democracia, y con un partido “nacional y popular”.Los peronistas también tenemos algunas cuentas que saldar con la historia previa a la dictadura, en particular con nuestra incapacidad para dar un cauce institucional a la legítima resistencia de los 18 años posteriores al golpe gorila del ’55, respetando y fortaleciendo la incipiente democracia y acompañando al pueblo en su epopeya de liberación.Quedarnos hoy en el dolor de la represión, sin profundizar en sus causas, sin recordar que los militares fueron sólo el brazo armado de la oligarquía, que la represión tuvo un objetivo mucho más amplio que las organizaciones armadas, que los medios de comunicación le dieron su voz y la Iglesia oficial bendijo sus armas, y los banqueros y empresarios festejaron y siguieron haciendo negocios, y por terror, ignorancia o indiferencia muchos miraron para el otro lado y se tragaron sin digerir la “historia oficial”.
Muchos de los primeros hoy hablan de la “mitad” de la memoria y de la necesidad de una “reconciliación” basada en la amnesia y en la mentira. Como observa con bastante agudeza (aunque creo que por momentos con excesiva dureza) Eduardo Aliverti ( Pagina12 del 22 de marzo 2005) las causas profundas de la dictadura persisten.
Y, habría que agregar, que los efectos del terror, de la destrucción de lazos de solidaridad social, la muerte y el exilio de una generación (que con errores y aciertos) se jugó su destino detrás de una utopía, es también una de las causas del vaciamiento de los noventa.
Nuestro duelo de hoy es doble, porque llega tarde, llega rengo y con la cancha más embarrada. Pero llegó, y es un principio.
Llegó el día con su recordación de muerte…
Esperan de Juan Gelman
Hemos dejado pasar un tiempito… había mucho pasando afuera… y sigue pasando –enhorabuena.
Gracias Miranda por darle palabras a nuestro duelo silencioso.
Pasado éste, tal vez sea momento de darnos el lugar para celebrar algunas cosas, bien que con los claroscuros, frecuentes notas al pie y digresiones que inevitablemente nos acompañan, como nuestras contradicciones.
Debieron pasar mas de veinte años de democracia para que un 24 de marzo se recordara con la importancia institucional que esperábamos. Pero, contrariando el tango, 20 años es mucho (no diré demasiado, porque pasaron y no tiene remedio, y seguimos aquí, intentándolo con lo que tenemos).
Nos seguimos dando estos dudosos lujos de postergar, de dar vueltas, de “hacer como que”… y hoy, recién, estamos haciendo un duelo demasiado largamente postergado, y aún hoy, tenemos que oír los mismos argumentos miserables de “dos demonios”, de caos y orden, de vergonzosos recuentos de muertos, como si ayer nomás se hubiera derrumbado bajo su inoperancia y vergüenza la más sangrienta y venal dictadura de la historia nacional (un superlativo difícil de superar).
Un duelo necesario, pero no suficiente. Un duelo que tiene que superar la expresión de dolor para dar lugar a la comprensión imparcial de nuestro pasado, la asunción de responsabilidades individual y colectivamente, y –por fin- la dirección de las energías del país a la construcción de una Nación.
Porque todavía la República Argentina se retuerce en las cadenas culturales y económicas del coloniaje.Porque nuestros pobres, enfermos y desamparados nunca fueron tantos. Porque la miseria de hoy no se materializó durante una dictadura atroz (como hubieran querido los patrones de Martínez de Hoz), sino 10 años después, en democracia, y con un partido “nacional y popular”.Los peronistas también tenemos algunas cuentas que saldar con la historia previa a la dictadura, en particular con nuestra incapacidad para dar un cauce institucional a la legítima resistencia de los 18 años posteriores al golpe gorila del ’55, respetando y fortaleciendo la incipiente democracia y acompañando al pueblo en su epopeya de liberación.Quedarnos hoy en el dolor de la represión, sin profundizar en sus causas, sin recordar que los militares fueron sólo el brazo armado de la oligarquía, que la represión tuvo un objetivo mucho más amplio que las organizaciones armadas, que los medios de comunicación le dieron su voz y la Iglesia oficial bendijo sus armas, y los banqueros y empresarios festejaron y siguieron haciendo negocios, y por terror, ignorancia o indiferencia muchos miraron para el otro lado y se tragaron sin digerir la “historia oficial”.
Muchos de los primeros hoy hablan de la “mitad” de la memoria y de la necesidad de una “reconciliación” basada en la amnesia y en la mentira. Como observa con bastante agudeza (aunque creo que por momentos con excesiva dureza) Eduardo Aliverti ( Pagina12 del 22 de marzo 2005) las causas profundas de la dictadura persisten.
Y, habría que agregar, que los efectos del terror, de la destrucción de lazos de solidaridad social, la muerte y el exilio de una generación (que con errores y aciertos) se jugó su destino detrás de una utopía, es también una de las causas del vaciamiento de los noventa.
Nuestro duelo de hoy es doble, porque llega tarde, llega rengo y con la cancha más embarrada. Pero llegó, y es un principio.
24/3/05 I
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma ... Yo no sé!
Son pocos; pero son ... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre ... Pobre ... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
(Los Heraldos Negros - César Vallejo)
Besé la mano del guardián
y lo ayudé a bruñir cerrojos
con esa antigua habilidad que tengo
para borrar innecesariamente
toda huella de bien habida corrupción.
permití las tinieblas,
rigores me tranquilizaron.
Saludé agradecida
al aumentado déspota
y agité flores y banderas
en honor de su rango
de sembrador de oprobios para prójimos
pero no -quizás- para mí.
Odié a las otras víctimas
en lugar de hermanarme
y no quise saber qué sucedía
en el vecino calabozo
o tras los diarios, más allá del mar.
Por eso me dejé vendar los ojos,
sencilla y obediente.
¡Es tan dulce la vida sin saber!
Acepté el castigo
con hipocresía de estampa
por si lo merecía mi inocencia
y fui capaz de denunciar
no al amo sino a la insensata esclava
que desdeñaba protección y ley.
Por pereza me dejé coronar
de puños o serpientes
y admiré sin fisuras
a ujieres y embalsamadores,
el fascinante escaparate de los serios.
No supe compartir el sufrimiento
y orgullosa de su exclusividad
inventé argucias contra la rebelión
y jamás en sus aguas dudosas me metí.
Fui custodia del Fuego
-a mucha honra- para pequeños meritorios
y santones cubiertos de moscas.
Juro que nunca vertí con veneno en su sopa
y en mis tiempos de bruja les alivié las llagas,
favor que me pagaron con incendios
pero yo perdoné
porque ¡es humano quemar!
La razón del verdugo
justifiqué callando y otorgando
y preferí durar decapitada
que trascender a mi albedrío
porque la libertad, ya sabéis, amenaza
con alimañas de perdición
como abismo a los pies de un paralítico.
Dormí con la conciencia
engrillada pero limpia
¿Qué culpa tiene una sombra?
Quise investirme de prestigio ajeno
y el sometimiento era vínculo,
me contagiaba un solemne resplandor.
Por eso permanezco
fiel a iniquidades y censores.
Al fin y al cabo me porté bien,
supe negociar
mi pálida y frágil sobrevivencia.
COMPLICIDAD DE LA VÍCTIMA
María Elena Walsh
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma ... Yo no sé!
Son pocos; pero son ... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre ... Pobre ... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
(Los Heraldos Negros - César Vallejo)
Besé la mano del guardián
y lo ayudé a bruñir cerrojos
con esa antigua habilidad que tengo
para borrar innecesariamente
toda huella de bien habida corrupción.
permití las tinieblas,
rigores me tranquilizaron.
Saludé agradecida
al aumentado déspota
y agité flores y banderas
en honor de su rango
de sembrador de oprobios para prójimos
pero no -quizás- para mí.
Odié a las otras víctimas
en lugar de hermanarme
y no quise saber qué sucedía
en el vecino calabozo
o tras los diarios, más allá del mar.
Por eso me dejé vendar los ojos,
sencilla y obediente.
¡Es tan dulce la vida sin saber!
Acepté el castigo
con hipocresía de estampa
por si lo merecía mi inocencia
y fui capaz de denunciar
no al amo sino a la insensata esclava
que desdeñaba protección y ley.
Por pereza me dejé coronar
de puños o serpientes
y admiré sin fisuras
a ujieres y embalsamadores,
el fascinante escaparate de los serios.
No supe compartir el sufrimiento
y orgullosa de su exclusividad
inventé argucias contra la rebelión
y jamás en sus aguas dudosas me metí.
Fui custodia del Fuego
-a mucha honra- para pequeños meritorios
y santones cubiertos de moscas.
Juro que nunca vertí con veneno en su sopa
y en mis tiempos de bruja les alivié las llagas,
favor que me pagaron con incendios
pero yo perdoné
porque ¡es humano quemar!
La razón del verdugo
justifiqué callando y otorgando
y preferí durar decapitada
que trascender a mi albedrío
porque la libertad, ya sabéis, amenaza
con alimañas de perdición
como abismo a los pies de un paralítico.
Dormí con la conciencia
engrillada pero limpia
¿Qué culpa tiene una sombra?
Quise investirme de prestigio ajeno
y el sometimiento era vínculo,
me contagiaba un solemne resplandor.
Por eso permanezco
fiel a iniquidades y censores.
Al fin y al cabo me porté bien,
supe negociar
mi pálida y frágil sobrevivencia.
COMPLICIDAD DE LA VÍCTIMA
María Elena Walsh
Pensamiento Nacional Hoy
El Pensamiento Nacional en el Siglo 21
Tal vez el desafío más grande para el pensamiento nacional sea desarrollarse en un mundo en el que se han sucedido cambios tan profundos, en muchos casos, irreversibles.
Más allá de determinar en qué consiste realmente el proceso de progresiva integración mundial que se encubre bajo el término globalización, lo cierto es que la relativización de las fronteras, la redefinición del rol del estado, la emergencia de entidades sub-nacionales y supra-nacionales, la constitución de bloques regionales, el aumento notable de legislación internacional, las negociaciones económicas multilaterales y las exigencias planteadas por la inserción en el mercado mundial o las condiciones del endeudamiento externo constituyen un contexto muy diferente del que predominaba en la década del setenta.
Hacia adentro, es necesario señalar cambios culturales profundos en lo político, en lo social, en lo laboral y tecnológico. El predominio del sistema de mercado, el desmantelamiento del Estado (que entra en una nueva etapa que apunta a su liquidación definitiva), las transformaciones en los modos de producción mediante el surgimiento de la sociedad de conocimiento, niveles de desocupación inéditos, la destrucción –en los hechos- de las garantías laborales, la crisis terminal de prácticamente todas las instituciones (partidos políticos, sindicatos, sistema de salud y previsión social), la destrucción de los lazos comunitarios y de solidaridad social, incluso el desarrollo de formas culturales novedosas (como lo que genéricamente podría englobarse en “la bailanta”), el aparente desinterés o resignación de la juventud en tanto factor de movilización para el cambio, el ocaso de la cultura militar, la penetración de productos culturales fundamentalmente norteamericanos, las nuevas formas de comunicación (por ejemplo el internet) son solo ejemplos de tantas otras cuestiones que será necesario agregar y evaluar en sus justas dimensiones.
Creo que es válido contrastar las premisas del pensamiento nacional a la luz de estas nuevas realidades y preguntarnos cuáles mantienen su validez, cuáles ya no alcanzan a marcar un rumbo viable para los mismos grandes objetivos de independencia económica, soberanía política y justicia social que permitirán el crecimiento y desarrollo del sueño inconcluso de formar una Nación libre en todas los posibles sentidos del término, y realizar, también, el valioso aporte que la misma puede brindar a la humanidad en su conjunto.
Como base del trabajo tenemos el ejemplo de los precursores, su sentido de lo práctico, de lo concreto, de ubicarse en el aquí y en el ahora para pensarnos, identificando el interés nacional, desenmascarando las políticas sirvientes del extranjero y de sus aliados locales. Contamos con la inspiración de su voluntad de trabajo, de investigación, de elaboración a partir de algunas premisas mínimas, sin atarse a las ideologías, a los marcos teóricos de disciplinas científicas (cientificistas) que ignoran la propia realidad. Nos han dejado como legado su vocación pedagógica, su deseo de despertar al país de la ilusión, su lucha por hacer oír la voz nacional en medio de la censura, la veda y la ignorancia.
No menos importante resulta la actitud insolente de oponerse al “conocimiento establecido”, a los “sabios”, “expertos” y académicos, jugando contra el prestigio y el reconocimiento de aquellos las verdades que paciente y esforzadamente debieron elaborar por sí mismos.
También es bueno recordar que, durante mucho tiempo, su tarea fue solitaria, sin reconocimiento, sin signos visibles de obtener algún éxito.
Fue su fe en sus percepciones, en sus ideas, elaboradas a partir del esfuerzo de desaprender todo lo aprendido y, finalmente, su fe en el pueblo, en la capacidad de éste de ver su destino y realizarlo lo que sostuvo un esfuerzo que sólo puede calificarse de heroico.
Esa fe en el pueblo, de la que nuestras dirigencias tradicionales carecen, cuando no la niegan, es el elemento fundante de la fe en el proyecto nacional. Porque no hay Nación sin Pueblo y no hay proyecto nacional que no sea a la vez popular.
(Por eso no pertenecen al proyecto nacional los grupejos nacionalista de “elite”, cuyo concepto de Nación niega al pueblo y se construye alrededor de sus propios privilegios económicos y/o políticos, de su miopía ideológica y de la adoración incondicional de ciertos símbolos de una “tradición” cuya raíz popular desconocen).
Con esa fe, y con lo que podamos agregarle de esfuerzo y amor a lo nuestro, tal vez podremos sumar el eslabón correspondiente a nuestra generación, en el camino de la liberación Con ella, podremos caminar junto al pueblo argentino cuando inicie la recuperación de su lugar en la historia.
No es pequeño este legado, es de un valor incalculable y, sobre todo, es auténticamente nuestro.
Es hora de levantar esa bandera, y llevarla hacia adelante. ¿Seremos capaces de hacerlo?
Tal vez el desafío más grande para el pensamiento nacional sea desarrollarse en un mundo en el que se han sucedido cambios tan profundos, en muchos casos, irreversibles.
Más allá de determinar en qué consiste realmente el proceso de progresiva integración mundial que se encubre bajo el término globalización, lo cierto es que la relativización de las fronteras, la redefinición del rol del estado, la emergencia de entidades sub-nacionales y supra-nacionales, la constitución de bloques regionales, el aumento notable de legislación internacional, las negociaciones económicas multilaterales y las exigencias planteadas por la inserción en el mercado mundial o las condiciones del endeudamiento externo constituyen un contexto muy diferente del que predominaba en la década del setenta.
Hacia adentro, es necesario señalar cambios culturales profundos en lo político, en lo social, en lo laboral y tecnológico. El predominio del sistema de mercado, el desmantelamiento del Estado (que entra en una nueva etapa que apunta a su liquidación definitiva), las transformaciones en los modos de producción mediante el surgimiento de la sociedad de conocimiento, niveles de desocupación inéditos, la destrucción –en los hechos- de las garantías laborales, la crisis terminal de prácticamente todas las instituciones (partidos políticos, sindicatos, sistema de salud y previsión social), la destrucción de los lazos comunitarios y de solidaridad social, incluso el desarrollo de formas culturales novedosas (como lo que genéricamente podría englobarse en “la bailanta”), el aparente desinterés o resignación de la juventud en tanto factor de movilización para el cambio, el ocaso de la cultura militar, la penetración de productos culturales fundamentalmente norteamericanos, las nuevas formas de comunicación (por ejemplo el internet) son solo ejemplos de tantas otras cuestiones que será necesario agregar y evaluar en sus justas dimensiones.
Creo que es válido contrastar las premisas del pensamiento nacional a la luz de estas nuevas realidades y preguntarnos cuáles mantienen su validez, cuáles ya no alcanzan a marcar un rumbo viable para los mismos grandes objetivos de independencia económica, soberanía política y justicia social que permitirán el crecimiento y desarrollo del sueño inconcluso de formar una Nación libre en todas los posibles sentidos del término, y realizar, también, el valioso aporte que la misma puede brindar a la humanidad en su conjunto.
Como base del trabajo tenemos el ejemplo de los precursores, su sentido de lo práctico, de lo concreto, de ubicarse en el aquí y en el ahora para pensarnos, identificando el interés nacional, desenmascarando las políticas sirvientes del extranjero y de sus aliados locales. Contamos con la inspiración de su voluntad de trabajo, de investigación, de elaboración a partir de algunas premisas mínimas, sin atarse a las ideologías, a los marcos teóricos de disciplinas científicas (cientificistas) que ignoran la propia realidad. Nos han dejado como legado su vocación pedagógica, su deseo de despertar al país de la ilusión, su lucha por hacer oír la voz nacional en medio de la censura, la veda y la ignorancia.
No menos importante resulta la actitud insolente de oponerse al “conocimiento establecido”, a los “sabios”, “expertos” y académicos, jugando contra el prestigio y el reconocimiento de aquellos las verdades que paciente y esforzadamente debieron elaborar por sí mismos.
También es bueno recordar que, durante mucho tiempo, su tarea fue solitaria, sin reconocimiento, sin signos visibles de obtener algún éxito.
Fue su fe en sus percepciones, en sus ideas, elaboradas a partir del esfuerzo de desaprender todo lo aprendido y, finalmente, su fe en el pueblo, en la capacidad de éste de ver su destino y realizarlo lo que sostuvo un esfuerzo que sólo puede calificarse de heroico.
Esa fe en el pueblo, de la que nuestras dirigencias tradicionales carecen, cuando no la niegan, es el elemento fundante de la fe en el proyecto nacional. Porque no hay Nación sin Pueblo y no hay proyecto nacional que no sea a la vez popular.
(Por eso no pertenecen al proyecto nacional los grupejos nacionalista de “elite”, cuyo concepto de Nación niega al pueblo y se construye alrededor de sus propios privilegios económicos y/o políticos, de su miopía ideológica y de la adoración incondicional de ciertos símbolos de una “tradición” cuya raíz popular desconocen).
Con esa fe, y con lo que podamos agregarle de esfuerzo y amor a lo nuestro, tal vez podremos sumar el eslabón correspondiente a nuestra generación, en el camino de la liberación Con ella, podremos caminar junto al pueblo argentino cuando inicie la recuperación de su lugar en la historia.
No es pequeño este legado, es de un valor incalculable y, sobre todo, es auténticamente nuestro.
Es hora de levantar esa bandera, y llevarla hacia adelante. ¿Seremos capaces de hacerlo?
El Eslabon - Introducción II
"La historia es una cadena a la que cada generacón debe aportar su eslabón..."
Arturo Jauretche
PRÓLOGO A UN CAMBIO NECESARIO…
Con argentino temor a que lo transitorio devenga permanente y el alambre sea la solución “definitiva”, el parche eterno, vaya un pequeño prólogo a un cambio necesario de mensaje de apertura (ya bastante demorado).
En Agosto-Octubre de 2000 esta página apenas se planteaba como modesto refugio para el pensamiento, fuera del vértigo de la desesperación, de la espiral descendente en que culmnó el siglo del Cambalache, que cumpliendo viejos presagios, nos halló dominados por la desunión y al borde de lo que parecía una disolución irremediable.
Como no nos daba para torre de marfil, ni nos interesaba -para qué negarlo-, nos contentamos con un modesto caño (quizás abandonado por Hijitus, en busca de horizontes menos finiseculares) en el cual comenzar a soñar (sí, nos permitimos ese atrevimiento tan demodé) con la posibilidad de la reconstrucción del proyecto nacional (al menos, y mientras la "realidad", esa de afuera, resultara tan alejada de toda posibilidad de imaginar un proyecto colectivo, cualquiera fuese).
Así, apelando al siempre solitario y sobrecargado pulmón, comenzamos por asumir que no había nada, que estábamos en el vacío, que esa sensación de desesperanza que al tiempo ya fue abrumadora (ahí, cuando más nos unió el espanto) podría, debía, engendrar algo nuevo…
Apelamos al maestro Jauretche para tratar de convencernos, insistimos en reavivar la fé, en el momento en que es más necesaria, cuando todo parece perdido, y dijimos, con Don Arturo:
"Antes del tornado se produce el vacío. Así pasa con las revoluciones; es en el momento de máximo descreimiento que se dan las condiciones para el nacimiento de una nueva fe. Así era en 1944, 45, 46. Así puede ser hoy"
Y decidimos no esperar sentados, nos propusimos intentar hacer lo que pudiéramos desde la carencia de alternativas consistentes de construcción; tal vez pensar, quizás simplemente no dejar pasar la oportunidad de decir que, a pesar de todo, aún teníamos un futuro, aún había mucho en que creer, y mucho que aprender de las amargas experiencias de los últimos treinta años.
Así, transitamos esos largos meses de caída libre, el interregno azaroso y claroscuro de Duhalde (a quien por poca simpatía que le pudiéramos tener, hay que reconocerle una prudencia y una capacidad que probaron ser fundamentales, y que de mantenerse, le ameritarán un lugar en la historia bastante más grato que el de su histórico oponente).
Y entonces, contra todo lo predecible, aún siendo más que optimistas (basta recordar la escabrosa posibilidad de “Lole Presidente”, para no hablar de más soluciones mediterráneas) apareció el fenómeno K, y de la sorpresa inicial, y el escepticismo inevitable (somos argentinos después de todo), el interés comenzó lentamente a crecer.
Hoy, a la luz de lo sucedido en el último año, creemos legítimo considerar que en el aún vaporoso proyecto político que se aglutina en derredor de Kirchner, puede haber un lugar “en serio” para pensar, aún más, para articular, tal vez para comenzar a construir un proyecto de país viable. No es más que eso todavía... ni menos. En todo caso, es una esperanza con alguna conexión con la realidad (se aclara, para no confundirla con recientes "manotones de ahogado" publicitados como “esperanzas”).
Por ahora parece más que suficiente para un cambio de “Mensaje de Bienvenida”.
El anterior lo mantenemos a mano, por las dudas, en “Los Comienzos”. Siempre es bueno recordar de dónde venimos (quizás ayude a recordar hacia adónde se va, o pretendía ir). Y como esto es, al fin, un mero prólogo ( y carecemos -lamentablemente- de talento Macedoniano), dejaremos asentado al efecto que no seguiremos buscando esperanzas en hechos futuros y lejanos, que tomamos ésta, incipiente, temblorosa, incierta, incompleta, y la enarbolamos, le exigimos, le demandamos, la puteamos si es necesario, pero de este lado de la calle, como compañeros.
Así sea.
Arturo Jauretche
PRÓLOGO A UN CAMBIO NECESARIO…
Con argentino temor a que lo transitorio devenga permanente y el alambre sea la solución “definitiva”, el parche eterno, vaya un pequeño prólogo a un cambio necesario de mensaje de apertura (ya bastante demorado).
En Agosto-Octubre de 2000 esta página apenas se planteaba como modesto refugio para el pensamiento, fuera del vértigo de la desesperación, de la espiral descendente en que culmnó el siglo del Cambalache, que cumpliendo viejos presagios, nos halló dominados por la desunión y al borde de lo que parecía una disolución irremediable.
Como no nos daba para torre de marfil, ni nos interesaba -para qué negarlo-, nos contentamos con un modesto caño (quizás abandonado por Hijitus, en busca de horizontes menos finiseculares) en el cual comenzar a soñar (sí, nos permitimos ese atrevimiento tan demodé) con la posibilidad de la reconstrucción del proyecto nacional (al menos, y mientras la "realidad", esa de afuera, resultara tan alejada de toda posibilidad de imaginar un proyecto colectivo, cualquiera fuese).
Así, apelando al siempre solitario y sobrecargado pulmón, comenzamos por asumir que no había nada, que estábamos en el vacío, que esa sensación de desesperanza que al tiempo ya fue abrumadora (ahí, cuando más nos unió el espanto) podría, debía, engendrar algo nuevo…
Apelamos al maestro Jauretche para tratar de convencernos, insistimos en reavivar la fé, en el momento en que es más necesaria, cuando todo parece perdido, y dijimos, con Don Arturo:
"Antes del tornado se produce el vacío. Así pasa con las revoluciones; es en el momento de máximo descreimiento que se dan las condiciones para el nacimiento de una nueva fe. Así era en 1944, 45, 46. Así puede ser hoy"
Y decidimos no esperar sentados, nos propusimos intentar hacer lo que pudiéramos desde la carencia de alternativas consistentes de construcción; tal vez pensar, quizás simplemente no dejar pasar la oportunidad de decir que, a pesar de todo, aún teníamos un futuro, aún había mucho en que creer, y mucho que aprender de las amargas experiencias de los últimos treinta años.
Así, transitamos esos largos meses de caída libre, el interregno azaroso y claroscuro de Duhalde (a quien por poca simpatía que le pudiéramos tener, hay que reconocerle una prudencia y una capacidad que probaron ser fundamentales, y que de mantenerse, le ameritarán un lugar en la historia bastante más grato que el de su histórico oponente).
Y entonces, contra todo lo predecible, aún siendo más que optimistas (basta recordar la escabrosa posibilidad de “Lole Presidente”, para no hablar de más soluciones mediterráneas) apareció el fenómeno K, y de la sorpresa inicial, y el escepticismo inevitable (somos argentinos después de todo), el interés comenzó lentamente a crecer.
Hoy, a la luz de lo sucedido en el último año, creemos legítimo considerar que en el aún vaporoso proyecto político que se aglutina en derredor de Kirchner, puede haber un lugar “en serio” para pensar, aún más, para articular, tal vez para comenzar a construir un proyecto de país viable. No es más que eso todavía... ni menos. En todo caso, es una esperanza con alguna conexión con la realidad (se aclara, para no confundirla con recientes "manotones de ahogado" publicitados como “esperanzas”).
Por ahora parece más que suficiente para un cambio de “Mensaje de Bienvenida”.
El anterior lo mantenemos a mano, por las dudas, en “Los Comienzos”. Siempre es bueno recordar de dónde venimos (quizás ayude a recordar hacia adónde se va, o pretendía ir). Y como esto es, al fin, un mero prólogo ( y carecemos -lamentablemente- de talento Macedoniano), dejaremos asentado al efecto que no seguiremos buscando esperanzas en hechos futuros y lejanos, que tomamos ésta, incipiente, temblorosa, incierta, incompleta, y la enarbolamos, le exigimos, le demandamos, la puteamos si es necesario, pero de este lado de la calle, como compañeros.
Así sea.
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