domingo, diciembre 04, 2005

Pensamiento Nacional Hoy

El Pensamiento Nacional en el Siglo 21

Tal vez el desafío más grande para el pensamiento nacional sea desarrollarse en un mundo en el que se han sucedido cambios tan profundos, en muchos casos, irreversibles.

Más allá de determinar en qué consiste realmente el proceso de progresiva integración mundial que se encubre bajo el término globalización, lo cierto es que la relativización de las fronteras, la redefinición del rol del estado, la emergencia de entidades sub-nacionales y supra-nacionales, la constitución de bloques regionales, el aumento notable de legislación internacional, las negociaciones económicas multilaterales y las exigencias planteadas por la inserción en el mercado mundial o las condiciones del endeudamiento externo constituyen un contexto muy diferente del que predominaba en la década del setenta.

Hacia adentro, es necesario señalar cambios culturales profundos en lo político, en lo social, en lo laboral y tecnológico. El predominio del sistema de mercado, el desmantelamiento del Estado (que entra en una nueva etapa que apunta a su liquidación definitiva), las transformaciones en los modos de producción mediante el surgimiento de la sociedad de conocimiento, niveles de desocupación inéditos, la destrucción –en los hechos- de las garantías laborales, la crisis terminal de prácticamente todas las instituciones (partidos políticos, sindicatos, sistema de salud y previsión social), la destrucción de los lazos comunitarios y de solidaridad social, incluso el desarrollo de formas culturales novedosas (como lo que genéricamente podría englobarse en “la bailanta”), el aparente desinterés o resignación de la juventud en tanto factor de movilización para el cambio, el ocaso de la cultura militar, la penetración de productos culturales fundamentalmente norteamericanos, las nuevas formas de comunicación (por ejemplo el internet) son solo ejemplos de tantas otras cuestiones que será necesario agregar y evaluar en sus justas dimensiones.

Creo que es válido contrastar las premisas del pensamiento nacional a la luz de estas nuevas realidades y preguntarnos cuáles mantienen su validez, cuáles ya no alcanzan a marcar un rumbo viable para los mismos grandes objetivos de independencia económica, soberanía política y justicia social que permitirán el crecimiento y desarrollo del sueño inconcluso de formar una Nación libre en todas los posibles sentidos del término, y realizar, también, el valioso aporte que la misma puede brindar a la humanidad en su conjunto.

Como base del trabajo tenemos el ejemplo de los precursores, su sentido de lo práctico, de lo concreto, de ubicarse en el aquí y en el ahora para pensarnos, identificando el interés nacional, desenmascarando las políticas sirvientes del extranjero y de sus aliados locales. Contamos con la inspiración de su voluntad de trabajo, de investigación, de elaboración a partir de algunas premisas mínimas, sin atarse a las ideologías, a los marcos teóricos de disciplinas científicas (cientificistas) que ignoran la propia realidad. Nos han dejado como legado su vocación pedagógica, su deseo de despertar al país de la ilusión, su lucha por hacer oír la voz nacional en medio de la censura, la veda y la ignorancia.

No menos importante resulta la actitud insolente de oponerse al “conocimiento establecido”, a los “sabios”, “expertos” y académicos, jugando contra el prestigio y el reconocimiento de aquellos las verdades que paciente y esforzadamente debieron elaborar por sí mismos.

También es bueno recordar que, durante mucho tiempo, su tarea fue solitaria, sin reconocimiento, sin signos visibles de obtener algún éxito.

Fue su fe en sus percepciones, en sus ideas, elaboradas a partir del esfuerzo de desaprender todo lo aprendido y, finalmente, su fe en el pueblo, en la capacidad de éste de ver su destino y realizarlo lo que sostuvo un esfuerzo que sólo puede calificarse de heroico.

Esa fe en el pueblo, de la que nuestras dirigencias tradicionales carecen, cuando no la niegan, es el elemento fundante de la fe en el proyecto nacional. Porque no hay Nación sin Pueblo y no hay proyecto nacional que no sea a la vez popular.

(Por eso no pertenecen al proyecto nacional los grupejos nacionalista de “elite”, cuyo concepto de Nación niega al pueblo y se construye alrededor de sus propios privilegios económicos y/o políticos, de su miopía ideológica y de la adoración incondicional de ciertos símbolos de una “tradición” cuya raíz popular desconocen).

Con esa fe, y con lo que podamos agregarle de esfuerzo y amor a lo nuestro, tal vez podremos sumar el eslabón correspondiente a nuestra generación, en el camino de la liberación Con ella, podremos caminar junto al pueblo argentino cuando inicie la recuperación de su lugar en la historia.

No es pequeño este legado, es de un valor incalculable y, sobre todo, es auténticamente nuestro.

Es hora de levantar esa bandera, y llevarla hacia adelante. ¿Seremos capaces de hacerlo?

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