domingo, diciembre 04, 2005

El Eslabon - Introducción II

"La historia es una cadena a la que cada generacón debe aportar su eslabón..."
Arturo Jauretche

PRÓLOGO A UN CAMBIO NECESARIO…

Con argentino temor a que lo transitorio devenga permanente y el alambre sea la solución “definitiva”, el parche eterno, vaya un pequeño prólogo a un cambio necesario de mensaje de apertura (ya bastante demorado).

En Agosto-Octubre de 2000 esta página apenas se planteaba como modesto refugio para el pensamiento, fuera del vértigo de la desesperación, de la espiral descendente en que culmnó el siglo del Cambalache, que cumpliendo viejos presagios, nos halló dominados por la desunión y al borde de lo que parecía una disolución irremediable.

Como no nos daba para torre de marfil, ni nos interesaba -para qué negarlo-, nos contentamos con un modesto caño (quizás abandonado por Hijitus, en busca de horizontes menos finiseculares) en el cual comenzar a soñar (sí, nos permitimos ese atrevimiento tan demodé) con la posibilidad de la reconstrucción del proyecto nacional (al menos, y mientras la "realidad", esa de afuera, resultara tan alejada de toda posibilidad de imaginar un proyecto colectivo, cualquiera fuese).

Así, apelando al siempre solitario y sobrecargado pulmón, comenzamos por asumir que no había nada, que estábamos en el vacío, que esa sensación de desesperanza que al tiempo ya fue abrumadora (ahí, cuando más nos unió el espanto) podría, debía, engendrar algo nuevo…

Apelamos al maestro Jauretche para tratar de convencernos, insistimos en reavivar la fé, en el momento en que es más necesaria, cuando todo parece perdido, y dijimos, con Don Arturo:

"Antes del tornado se produce el vacío. Así pasa con las revoluciones; es en el momento de máximo descreimiento que se dan las condiciones para el nacimiento de una nueva fe. Así era en 1944, 45, 46. Así puede ser hoy"

Y decidimos no esperar sentados, nos propusimos intentar hacer lo que pudiéramos desde la carencia de alternativas consistentes de construcción; tal vez pensar, quizás simplemente no dejar pasar la oportunidad de decir que, a pesar de todo, aún teníamos un futuro, aún había mucho en que creer, y mucho que aprender de las amargas experiencias de los últimos treinta años.

Así, transitamos esos largos meses de caída libre, el interregno azaroso y claroscuro de Duhalde (a quien por poca simpatía que le pudiéramos tener, hay que reconocerle una prudencia y una capacidad que probaron ser fundamentales, y que de mantenerse, le ameritarán un lugar en la historia bastante más grato que el de su histórico oponente).

Y entonces, contra todo lo predecible, aún siendo más que optimistas (basta recordar la escabrosa posibilidad de “Lole Presidente”, para no hablar de más soluciones mediterráneas) apareció el fenómeno K, y de la sorpresa inicial, y el escepticismo inevitable (somos argentinos después de todo), el interés comenzó lentamente a crecer.

Hoy, a la luz de lo sucedido en el último año, creemos legítimo considerar que en el aún vaporoso proyecto político que se aglutina en derredor de Kirchner, puede haber un lugar “en serio” para pensar, aún más, para articular, tal vez para comenzar a construir un proyecto de país viable. No es más que eso todavía... ni menos. En todo caso, es una esperanza con alguna conexión con la realidad (se aclara, para no confundirla con recientes "manotones de ahogado" publicitados como “esperanzas”).

Por ahora parece más que suficiente para un cambio de “Mensaje de Bienvenida”.
El anterior lo mantenemos a mano, por las dudas, en “Los Comienzos”. Siempre es bueno recordar de dónde venimos (quizás ayude a recordar hacia adónde se va, o pretendía ir). Y como esto es, al fin, un mero prólogo ( y carecemos -lamentablemente- de talento Macedoniano), dejaremos asentado al efecto que no seguiremos buscando esperanzas en hechos futuros y lejanos, que tomamos ésta, incipiente, temblorosa, incierta, incompleta, y la enarbolamos, le exigimos, le demandamos, la puteamos si es necesario, pero de este lado de la calle, como compañeros.

Así sea.

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